Pues nos plantamos hace un año, en Mayo de 2025, Bad Bunny anuncia la gira mundial, con varias fechas en Madrid y Barcelona para 2026. Mis amigos del barrio (y yo incluido) nos lanzamos como locos a intentar comprar entradas, ya que aunque no sea yo demasiado fan, sí que me sé bastantes canciones, y de hecho, hay muchas que me gustan una barbaridad.
Pues echamos la mañana entre risas para ver quién tenía el número de cola para comprar entradas más bajo y ver si podíamos hacer algo y entre pitos y flautas y con ocho personas intentando comprar las entradas, creo que no nos llegamos a comer una mierda entre todos, así que asumimos la derrota y con la cabeza baja nos retiramos (sin saber aún que iban a añadir hasta doce fechas en Madrid, pero que la página de TicketMaster iba a estar igual de concurrida para comprarlas).
A los pocos días, Santi nos dejó caer a unos pocos, que había conseguido comprar entradas por otra página, un poco más caras pero en pista, y ojo, ni en Madrid ni en Barcelona, en Lisboa, porque ya que íbamos a un concierto, podríamos aprovechar el viaje y ver cosillas en vez de perder un día yendo y viniendo a Madrid por si acaso no nos asegurasen las entradas.
Dicho y hecho, un año después, el lunes 25 de Mayo, y tras haber tenido varios cambios de planes con respecto a quiénes íbamos o dejábamos de ir, Edu, Santi y yo nos íbamos en coche de camino a Lisboa para el concierto del martes 26, habiéndonos confirmado 100% que teníamos entradas un día antes.
Tras un viaje sin inconvenientes más allá de dar veintisiete (27) vueltas a la plaza del Marqués de Pombal (y de Torrelobatón), y ya en Lisboa, empiezan las... llamémoslas pequeñas complicaciones.
Acabamos de comer, nos toca hacer el check-in en el "hotel" (por llamarlo de alguna forma) y resulta que no tenemos ni reserva ni nada. A Santi le habían denegado hace dos días la tarjeta, y aunque cambió los datos para que le hicieran el importe, resulta que le cancelaron la reserva (y cuando te cancelan la reserva, desaparece de la app de Booking). Total, que tras hablar con tres centralitas en Reino Unido que "supuestamente" gestionaban los hoteles y decirme que ellos no gestionan el hotel donde nos alojamos, nos toca ponernos a buscar otro, ya que la opción de dormir en el Toyota, digamos que no cuajó demasiado.
Encontramos el otro hotel, sin pretensiones, cumplía con lo ofrecido, nos había salido más barato, estaba relativamente cerca del otro y entramos al momento, así que dejamos las cosas en la habitación y nos lanzamos a nuestro primer free tour corriendo como el viento ya que se nos demoró un poco el asunto.
Llegamos al primer free tour en la Plaza de los Restauradores y allí conocimos a Manuelito, que nos habló a grandes rasgos de la historia del imperio Portugués, de Lisboa, de sus tocayos y de la importancia de llevar un calzado con buen agarre, ya que las calzadas portuguesas que hay en toda Lisboa requieren el uso de neumáticos intermedios en condiciones veraniegas y de lluvia extrema para cuando caen cuatro gotas.
Tras habernos contado numerosas efemérides de la ciudad, como los varios terremotos, con tsunami incluído que asolaron Lisboa, la Revolución de los Claveles, al colega Salazar y su puente al que cambiaron de nombre y a hacer numerosas rederencias a Vasco de Gama (el cuál tiene un equipo de fútbol en Brasil) acabamos el tour en la Plaza de Comercio en el monumento a José I, el cuál está dando la espalda a la ciudad ya que se quiso atribuir parte de las reconstrucciones tras los terremotos.
Habiendo acabado el tour, y sin querer dar yo las mismas clases de historia que nos dio él y porque tengo menos memoria que Dory de Buscando a Nemo, continuamos el día enseñando un poco a Edu los básicos de la fotografía, acabamos la noche en una hamburguesería/tienda de vinilos al lado de la Pink Street, donde tuvimos un malentendido a la hora de pagar y nos acabamos tomando tres canecas de más... Una señal del destino que dirían algunos.
Habiendo acabado el día nos dirigimos de nuevo al hotel, para toparnos con el segundo gran problema del viaje: Nos habían dado mal el código de entrada y no podíamos acceder. Las centralitas de Reino Unido nos decían que estaban ocupadas y no contestaban al Whatsapp, así que hicimos lo que haría cualquiera, o forzábamos la entrada o reventábamos el cajetín con la llave hasta que la sacásemos de ahí. Por suerte, un chico que también se alojaba dentro había pedido una pizza y tuvo la buena fe de abrirnos y darnos el código nuevo.
Una vez dentro del hotel y de la habitación surgiría el tercer problema. No había agua en la ducha (en realidad sí había pero éramos un poco subnormales), el lavabo no tragaba, teníamos unas inquilinas en el plafón de la luz...
Un servicio de calidad, para huéspedes premium, y que espero que Santiago haya tenido a bien ponerles una reseña de menos ciento setenta y cuatro estrellas.
En fin, no nos quedaba otra que dormir, que por lo menos, lo hicimos bastante bien y sin pasar bastante calor.
Al día siguiente, otro free tour por el barrio de Belém con el mismo guía, otra vez con Manuelito que nos lo explicó fenomenal, nos coló por la puerta lateral para comernos unos auténticos pasteles de Belém (si no se compran en esa misma tienda, sólo son pasteles de nata).
Antes de ver el Monumento a los Descubrimientos y la Torre de Belém pasamos por una pagoda Tailandesa, la cual fue fabricada en Bangkok y fue un regalo de la monarquía Tailandesa conmemorando la primera llegada de europeos a su territorio.
En el Monumento a los Descubrimientos nos contó a grandes rasgos que honra a los navegantes portugueses de la Era de los Descubrimientos. Enrique el Navegante en proa del lado oriental, impulsor de las expediciones por la costa africana. La rosa de los vientos y el mapamundi muestran las rutas y territorios explorados por Portugal. También nos hizo hincapié en la aparición de la reina Filipa de Lancaster como señal de la alianza anglo-portuguesa en la parte occidental del monumento.
Más tarde en la Torre de Belém nos explicó que fue construida para defender la entrada al puerto de Lisboa por el río Tajo y simbolizar el poder marítimo portugués durante la Era de los Descubrimientos. De estilo manuelino, combina elementos de la naturaleza y marítimos, con esculturas, cuerdas talladas y la famosa figura de un rinoceronte, que hace referencia al rinoceronte que tuvo el rey Manuel I como mascota. Se llamaba Ganda y debió de ser un fenómeno de masas, le querían en todos los lados.
Una vez acabado el free tour, nos despedimos de Manuelito, nos dirigimos raudos y veloces a comer cerca de donde nos alojábamos, acicalamiento rápido y al concierto.
¡Y llegamos!
Estadio de la Luz de Lisboa, hogar del Benfica, que seguro que si el artículo lo hubiera escrito Santi os hubiera contado muchas cosas, pero no es el caso, así que...
Entramos nada más llegar, lo flipamos un poco con el estadio, porque por mucho que hayas visto estadios, o ido a conciertos, o incluso que juegues al fútbol y ese sea tu pan de cada día, es algo que siempre impresiona.
Nos quedaba un ratito largo, así que estando las canecas a 5 pavos, y los aguas a 2... Nos tocó darnos a la bebida.
Los Chuwi de teloneros una horita, que por cierto, moló bastante, y a las 10 salía el Conejo Malo a escena, trajeado, pasando más calor que un vigilante de pirámides, se quedó mirando al público durante unos minutos, y empezó con LA MuDANZA.
A partir de aquí dividió el concierto en 3 partes.
La primera, todos sus temas con ritmos latinos, nada de reggaeton, con su orquesta, planos de cámara de cine, y una producción de alucinar. He de reconocer que me encantó esta parte.
La seguda parte, la casita. Se va a la otra parte del estadio donde estaba situada la casita, y empieza el perreo, trap y reggaeton del suyo, los famosos y famosas y las cachondas que hayan ido reclutando los "ojeadores" durante la preparación del concierto (esto daría para largo, para muy largo).
Nos guste o no, todos nos sabemos unas cuantas de esta parte del concierto, y nos va a dar a todos igual, porque nos lo vamos a pasar bien, y eso hicimos, bastante chula la puesta en escena.
Y la tercera parte, vuelta al escenario principal con un gorro de estos con borreguillo por dentro (de verdad que yo creo que hay mejores cosas que ponerse en la cabeza haciendo 32 gradazos en Lisboa pero no seré yo quien le juzgue...).
En esta parte ya sólo le quedaba tocar los temas gordos que se había dejado, que supongo que variarán un poco en función del concierto, a nosotros nos cayeron Ojitos Lindos y Yonaguni entre otros.
Total, que el concierto fue una salvajada, y sin ser yo demasiado fan, para mí es top 3 conciertos que he visto, y top 1 a nivel de producción (sí, he visto a Rammstein, y más allá de sabérmelas todas, aún habiéndoles visto con el espectáculo gordo con la pirotecnia, los cohetes y demás, me ha gustado más la producción del conejo).
Pateada larga, pero larga con avaricia hasta llegar a un sitio donde nos pudiera recoger un Uber y a aprovechar el kebab que había al lado del alojamiento para cenar e irnos a la cama.
Aprovechamos que había una placita al lado para no ocuparle la terraza al amigo del kebab y nos quedamos hablando con un chulo y el que debía de ser el taxista, los cuáles nos dieron un rato de conversación al preguntarnos sobre el concierto. Cabe decir, que esa noche sólo deducíamos que era chulo, casi casi lo teníamos confirmado al 98%, pero eran sólo cábalas, aunque al día siguiente ya lo confirmamos al 100%. Muy majetes ambos, eso sí.
Último día, más tranquilos, Edu y Santi se despertaron prontito para ir a ver el estadio del Sporting de Portugal, yo me lo tomé con calma, quedé con ellos más tarde y fuimos al LX Factory, que es algo así como un centro comercial al aire libre, rollo Camden, más enfocado en tiendas independientes, rollito moderno, y demás, que nos gustó mucho.
Lo primero que íbamos a hacer era tomarnos unas canecas como ya teníamos la costumbre, pero la cabra tira al monte, fuimos a una tienda de vinilos y acabé gastando dinero (no pido ni perdonamiento ni perdonación). Habiendo ya gastado, efectivamente tocaba tomar unas canecas, aunque estas fueron de casi un litrito cada una, pero qué bien sienta la cervecita fría con el buen tiempo.
Compramos algunas cosillas, souvenirs y demás, nos dimos una vuelta a ver el resto de tiendas y acabamos comiendo en un mejicano, el cual tenía un ring en el medio del comedor, con una mesa dentro, que supongo que podríamos comer si lo pedíamos, pero nos llamó la atención.
El sitio estaba chulo, nos trataron muy bien, y la comida estaba rica, nada del otro mundo, pero estaba rica.
Habiendo acabado de comer, nos fuimos a la Plaza de Comercio (otra vez) para hacer el último free tour.
Ya en la Plaza de Comercio, y con tiempo a Santi y a mí nos pareció buena idea tomarnos una piña colada, la cuál se nos atragantó un poquito porque íbamos ya justitos de tiempo y aún no habíamos localizado al guía del free tour. Estuvimos pensando un rato que podría ser Manuelito por tercera vez para completar el uróboro, pero no fue así.
En este último free tour nos guió Jose, muy majete y muy salado, y que nos llevó por todo el barrio de Alfama, que fue un barrio de pescadores, que hubo diversas religiones conviviendo en el barrio (sólo el algunas épocas), nos explicó de una forma maravillosa lo que era el fado, y por qué tenía tanta importancia en dicho barrio, nos llevó a la estatua de San Antonio y al muro de las flores, tomamos Ginjinha con él y nos dijo que en una semana eran fiestas por allí y cómo eran, y que ya estaban preparando todo para ello, nos enseñó la música pimba, que es la música popular de fiestas de allí, y por supuesto, nos llevó a algunos de los mejores miradores del barrio.
Y una vez acabado el tour, nos quedamos con ganas de ir a cenar a una casa de fado, no sin antes pasar a intentar dejar alguna monedilla en la Biblia de San Antonio (dicen que si lo consigues encuentras novia), y que Santi tras dejar alguna que otra monedilla demás, consiguió.
Cumplidas las misiones secundarias, fuimos a cenar a la casa de fado, y a mí personalmente me gustó mucho. No es un concierto completo, tampoco es una canción durante la cena, es lo justo para que si no lo conoces, puedas disfrutarlo, pero que si no te gusta no te aburras. En nuestro caso fueron dos cantantas muy buenas, que cantarían tres canciones cada una, y luego otras tres o cuatro canciones en instrumental de los dos chicos que tocaban la guitarra. Todo esto cenando a la luz de las velas.
Me pareció muy buena experiencia para acabar de rematar la última noche, y 100% recomendable a todo el mundo.
Y esto fue todo nuestro viaje a Lisboa, a ver a Bad Bunny.
Me gusta viajar, me encanta hacerlo con amigos, me gusta ver sitios, disfrutar de la música, tomar unas cervecitas, que nos haga bueno, y que nos queden anécdotas para contar, ya sea el concierto que es a lo que veníamos, como la aventurilla que pasamos para no dormir en el Toyota de Santi.
Ahora me queda esperar a la siguiente, y si obviamos el concierto de Linkin Park de dentro de unas semanas, en menos de dos meses estaremos yendo a Bélgica a hacer un trabajo grupal para la universidad.
A ver si nos aprueban...